OPINIO
 

Vent de Garbi

 
Conferencia de Baltasar Bueno en la RACV
 

Baltasar Bueno / Los valencianos, como pueblo, por lo general, salvo contadas excepciones, tenemos grandes virtudes, pero también grandes defectos y entre éstos últimos el de ser líderes en desidia, abandono, provisionalidad y pasotismo, pero, sobre todo, ello en insensibilidad, a pesar de que nos vanagloriamos en decir que ésta es tierra de artistas.

El estado de ruindad en que se encuentra el Monasterio e Iglesia de La Roqueta es buena prueba de ello, todo un síntoma, que debería alarmarnos como pueblo.

Este es un buen momento para pensar, reflexionar y conversar y si cabe, para adoptar algún tipo de medida que mueva nuestras conciencias y la del mayor número posible de valencianos en torno a La Roqueta, ese monumento que se está muriendo de pie, asfixiado entre moles de edificios modernos, que clama al cielo por el atropello permanente que desde hace años viene sufriendo.

Responsable principal de este abandono en que se encuentra es, sin lugar a dudas, su propietario desde hace 37 años, el Ayuntamiento de Valencia, corresponsabilidad que comparte necesariamente con la Conselleria de Cultura de la Generalidad Valenciana y el propio Ministerio de Cultura, por ser el conjunto arquitectónico de La Roqueta Monumento Nacional.

No vamos a relatar aquí la historia entera de La Roqueta, como tampoco de San Vicente Mártir y su martirio, de sobra conocidas ambas, sino que vamos a centrarnos en un momento especialmente importante para el Monasterio e Iglesia, así como para la Historia de la Lengua Valenciana, pues La Roqueta no es sólo el lugar donde el cristianismo, el catolicismo, valenciano se conservó durante la dominación islámica, sino que también fue el entrañable ligar de encuentro y vivencia de los valentini christiani, de los cristianos valencianos, los mozárabes, que pudieron seguir con sus costumbres, tradiciones, lengua, cultura y ritos durante la larguísima ocupación árabe del territorio valenciano.

Los mozárabes valencianos

Los árabes, siguiendo las instrucciones del Corán, permitieron a los cristianos, que se entregaron sin lucha, seguir con su fe y prácticas religiosas, incluso con sus propiedades, a cambio de pagar una fuerte contribución.

Como los árabes no eran muchos en número, tuvieron que practicar la política de la tolerancia, pacto o acuerdo, respecto a los sometidos, política que también empleó Jaime I respecto a los árabes, cuando las tornas.

En las ciudades que conquistaban los árabes, siempre dejaban dejaban alguna iglesia o monasterio a los cristianos para que pudieran celebrar allí sus ritos.

Hay constancia de la presencia de cristianos bajo la dominación árabe en las montañas en la montaña alicantina y valenciana. Así se desprende de las crónicas del Cid y de los estudios del arabista Julián Ribera, donde se da cuenta del apoyo de los mozárabes a las tropas cristianas en la Sierras de Benicadell, Alcoy y Cocentaina. También en Denia, Gandía, Cullera y, especialmente, en la batalla que se libró en Paterna y en la misma conquista de la ciudad de Valencia.

Cuando El Cid tomó Valencia obligó en las Capitulaciones de la rendición a que los encargados de su protección, fueran “cristianos, escogidos entre los mozárabes que habitaban la ciudad y arrabales”.

Muerto el Cid, los árabes recuperaron la hegemonía, pero de nuevo (en 1120) el territorio valenciano fue invadido por tropas cristianas del rey de Aragón Alfonso el Batallador, quien cayó sobre Valencia, Alzira y Denia, donde ayudó a los mozárabes.

Otra vez, el territorio autóctono volvió a caer en manos de los árabes, hasta que a finales del siglo XII, Jaime I repitió la misma campaña militar que sus antecesores. Un dato poco conocido o explicado de las andanzas de Jaime I por estas tierras es que la Reconquista del Reino Moro de Valencia se debió a que la Iglesia le condenó a realizar una Cruzada contra los infieles, como consecuencia de haber encarcelado al Obispo electo de Zaragoza, con el fin de que no fuera consagrado y asumiera la sede episcopal, pues para tal cargo quería colocar a un amigo suyo.


Cayó el monarca aragonés en pena de excomunión y se le dijo que sólo le sería levantada si liberada al Obispo y cumpliera, además, la penitencia de hacer una Cruzada para conquistar las Taifas valencianas. No era de las suyas que hacía nuestro buen señor Jaime I, ya que a un Obispo de Gerona que cantaba las verdades del barquero le mandó cortar la lengua.

De la existencia y de la ayuda que los mozárabes prestaron a Jaime I queda constancia en lo premiados que fueron con donaciones de propiedades registradas en el LLibre de Repartiment, donde aparecen nombres mixtos árabo-cristianos, es decir, nombres de mozárabes como Aben Lop, Aben Sancho, Aben Calbo, Aben Tauro, etc..

De la presencia de mozárabes en la última etapa de la hegemonía árabe en la ciudad de Valencia da cuenta también el gran número de cautivos cristianos existentes en las cárceles, que impulsaron toda una política de rescates llevada a cabo por san Juan de Mata y san Pedro Nolasco.


La Roqueta, Iglesia cristiana bajo la dominación árabe


Todos estos mozárabes tenían por Iglesia cristiana la del Monasterio de La Roqueta, los árabes les asignaron el templo cristiano más famoso de Valencia en aquella época, por ser el lugar de sepultura y veneración de San Vicente Mártir, cuyo martirio se expandió como reguero de pólvora en la Europa de su tiempo.

Es conocido y está más que probado que allí fue enterrado el joven diácono mártir. Por ello, vamos a pasar de puntillas en este punto.


De la sepultura de San Vicente Mártir ya encontramos noticia en el Peristéphanom (Libro V. Prudencio, en el relato del martirio del santo, señala su sepultura en la ciudad de Valencia.

En calendarios mozárabes, tanto en latín como en árabe, aparecen referencias a su fiesta, como el que consta en uno cordobés, del siglo X, dedicado a Alhaquem II, hijo de Abderramán III, donde se lee, en latín y árabe:

XXII.- In eo latinis festum Vicentii diaconi interfecti in civitate Valentia, et festum eius in Quinque.
De que este templo estaba abierto y en ella los christiani valentini, los mozárabes, rendían culto. Ya encontramos pruebas en un pergamino en octubre de 1177, por el que sabemos que el rey Alfonso II de Aragón hizo donación al Abad Dodón, titular del monasterio de San Juan de la Peña, Huesca, de la Iglesia de San Vicente Mártir de Valencia, con todos sus privilegios, derechos, diezmos y contribuciones.

Dicho pergamino dice así:

Placuit mihi, pro servitio quod mihi, fecisti in illa hoste de Valentia, quod dono atque in perpetuum concedo Domino Deo, et iam dicto Monasterio S. Joannis de Pinna et fratribus ibídem Deo servientibus praesentibus atque futuris Ecclesiam S. Vincentii de Valentia cum ómnibus directis suis, que modo habet, vel habere debet, et cum Decimis et Primitiis, u tsit semer libere et absolute de iure Sancti Joannis de Pinna.

En el Archivo Histórico Nacional (Cod 212 de San Vicente de Valencia, fo. I) se conserva otro pergamino, fechado el 19 de marzo de 1232, por el que Jaime I concede al Abad del Monasterio de San Victorián en Aragón locum illum sive ecclesiam que est apud valentiam laudabilem civitatem , qui locus sive ecclesia vocatur et dicitur Sanctus Vicentius, es decir, aquel lugar o iglesia que está en Valencia, ciudad digna de todo encomio, y que se llama san Vicente.

Se lee en dicho documento:

De manera que, apenas el Señor ponga dicha ciudad en poder nuestro, bien sea sin trabajo o ya por la fuerza, o por capitulación o de otro modo, tengáis y recibáis por esta nuestra concesión y como donación irrevocable dicho lugar y la iglesia y las posesiones y pertenencias suyas, con todas las otras que por tierra o mar le pertenecieran en algún tiempo, o le pertenezcan, o deban pertenecer a dicho lugar o iglesia por costumbre o derecho con el fin de que pasaran a su poder en el momento se conquistara Valencia con todas sus posesiones, derechos y pertenencias.

Avala también la importancia de san Vicente Mártir y su Basílica Sepulcral el hecho de que Jaime I atribuyó su éxito en la reconquista de Valencia, no a la Virgen del Puig, como se ha contado a veces, sino a la especial intercesión de san Vicente Mártir, como así lo expresó él mismo en otra ocasión, según un Pergamino, fechado el 16 de junio de 1263donde leemos:

Fides nostra talis est, quod Dominus Jesus Christus, ad preces specialiter Beati Vicentii nobis Civitatem et totum Regnum Valentiae subjugavit et eripuit de posse et manibus Paganorum.

Fueron Iglesia y Monasterio la de La Roqueta lugares muy privilegiados por Jaime I en razón a ser la de la sepultura del santo y el lugar de reunión y culto de los mozárabes valencianos durante la ocupación musulmana. A su Iglesia le concedió el derecho de asilo, que sólo tenía la Catedral, y el Monasterio tuvo como anejo un hospital. Dotó al conjunto de diversos beneficios.

En torno a La Roqueta, en un arrabal, durante la época árabe vivían los cristianos. En aquel templo celebraban su fe en Jesucristo, rey de mártires, los mozárabes. Utilizaban en las celebraciones litúrgicas el rito hispánico o hispano-romano, que pasaría con el tiempo a llamarse rito mozárabe, el cual dejaría de emplearse con la llegada de Jaime I, momento en que se impuso el rito romano, promulgado por el papa Gregorio VII, quien ordenó, mediados del siglo XI, extenderlo a toda la Iglesia. No obstante, en España, se conservó el rito mozárabe en la Catedral de Toledo, donde aún existe una capilla mozárabe.

El 28 de mayo de 1992, el Papa Juan Pablo II rescató el rito mozárabe al oficiar una Misa en la Basílica de San Pedro según dicho rito. Ello motivó a que el entonces Arzobispo de Valencia, Agustín García Gasco Vicente, toledano, lo cual debió ayudar, recuperará dicho rito para la Iglesia de Valencia, oficiando según el mencionado ritual el 22 de enero de 1993.

A partir de ese momento, todos los años, el día de san Vicente Mártir, en La Roqueta, los prelados de la Diócesis celebran Misa en rito mozárabe.


La Roqueta y la Lengua Valenciana

El barrio o arrabal, rahal donde residían los cristianos se llamaba Petraher, así consta en el Llibre del Repartiment, que con el tiempo y la evolución y corrupción popular filológica ha derivado en Patraix.

Petraher remite etimológicamente a su raíz latina, Petra. Un petraher era un lugar de muchas piedras, una pedrera, lugar de rocas, y tal vez de ahí provenga la denominación que el pueblo valecniano dio siempre al templo: La Roqueta.

Tendríamos en el propio nombre del lugar, Petraher, hoy Patraix, vigente en época muslim, perteneciente a aquella Lengua Latina que trajeron a estas tierras ibéricas los romanos fundadores de Valencia y permaneció en el habla popular bajo y durante la dominación árabe, un importante testimonio de la pervivencia, supervivencia de la lengua latina, la lengua de los christiani valentini, los mozárabes, valentinos latinos durante la larga ocupación islámica del territorio.

Por lo tanto, La Roqueta hay que contemplarla también como testimonio de la pervivencia de la Lengua Latina, del latín de los mozárabes, de la Lengua Valenciana de aquellos valencianos en minoría entre los árabes, que conservaron su fe cristiana, lengua, costumbre y tradiciones en medio de la adversidad, la opresión y el sometimiento.

Si existieron y sobrevivieron los mozárabes en medio de aquella arabiazción, sobrevivió su lengua, el latín corrompido y evolucionado que utilizaban, y que deparó en lo que hoy es la Lengua Valenciana.

Por lo tanto, los mozárabes y su lengua prueban que lo que hablamos no es el catalán que dicen los catalanistas trajeron a estas tierras los catalanes que venían con Jaime I, los cuales eran pocos e iletrados, sino que estamos hablando el mismo latín que tiene su origen en aquellos que fundaron la ciudad de Valencia, casi tres siglos antes del nacimiento de Cristo.


La Roqueta, monasterio muy cuidado

Fue siempre La Roqueta un monasterio muy cuidado, atendido, mimado y protegido, al tiempo que muy visitado.

Fueron varias las órdenes religiosas que sucesivamente ocuparon y regentaron el recinto: cistercienses, benedictinos, mercedarios,… manteniéndolo siempre como centro espiritual de difusión de los valores del diácono mártir, aparte de las funciones benéficas que realizaba.

De su ruina y decadencia desde entonces, cabe culpar, hasta el día de hoy, siempre a los políticos, a los gobernantes, especialmente bárbaros, incultos e irresponsables.

Su ruina y decadencia comenzó con la funesta Desamortización de Mendizábal (1834), en que el Estado expropió sus bienes a las órdenes religiosas agustinas.

Fueron gobernantes los que decidieron amputar el ábside y torreón de la Iglesia para ampliar el acceso a la ciudad de Valencia por el sur, con el fin de que la entrada del camino real de Madrid por Albacete fuera más amplia.


Fueron motivos políticos los que incendiaron y saquearon la Iglesia y Monasterio de La Roqueta en 1936.


La Roqueta, condenada a la piqueta

Fueron motivos políticos los que permitieron que en 1973 los políticos no pusieran ningún obstáculo en sobre su solar, vendido el conjunto por las religiosas Agustinas, que lo recuperaron después de la guerra civil última, se alzara modernos edificios de viviendas y locales comerciales, quedando arrasada buena parte de la historia religiosa y cultural de Valencia.

Afortunadamente, una voz clara, enérgica y contundente, una sola voz, y no política, sino la de un historiador y amador de la historia y cultura valencianas, el canónigo don Vicente Castell Maiques, dio la voz de alerta el aldabonzazo de la salvajaba que se iba a hacer.

Comenzó a movilizarse y a movilizar, escribió artículos de prensa y dio conferencias, y en una de ellas, impartida en el Círculo Cultural Aparisi y Guijarro, en la que estaba presente el alcalde de Valencia, don Miguel Ramón Izquierdo, logró arrancar de él la promesa de que la licencia de obras para su derribo sería denegada, además de que el propio Ayuntamiento compraría Iglesia y Convento. En esta campaña se sensibilización y acciones tuvo un papel destacado la Real Academia de Cultura Valenciana.

En 24 de marzo de 1978, también a persistencia de mossén Castell y la Real Academia de Cultura Valenciana, el Gobierno declaró el conjunto de La Roqueta Monumento Histórico-Artístico Nacional.

El edificio es propiedad municipal, pero nunca el Ayuntamiento de Valencia ha hecho nada serio por salvarlo de la ruina en que se encuentra, excepto el poner hace unos meses unos puntales para evitar pasar la vergüenza de que se les hunda del todo. Unos puntales alquilados, que cuestan un dineral, que más bien hubiera podido servir para iniciar las primeras y urgentes obras de reparación y consolidación de las estructuras.

El conjunto se ha derrumbado en parte y el paso del Metro por su subsuelo, con sus fuertes vibraciones, es muy probable que esté agravando su situación. Además, las operaciones de maquillaje del interior del templo han tapado con pintura blanca los preciosos esgrafiados de sus paredes y muros, en un acto de barbarie cultural y evidente falta de sensibilidad.

Capítulo aparte merecería una investigación sobre si las obras que se hicieron para el paso del Metro por debajo de aquel enclave no se llevarían por delante importantes restos arqueológicos, entre ellos los restos de la tumba del Santo Mártir, hechos éstos que fueron silenciados en su día también por los políticos constructores del mismo.


La Roqueta, en la actualidad


La situación del monumento, bien conocida por las autoridades competentes es grave, pues en 2005, nos ha recordado estos días el diario LEVANTE:

“El Consell Valencià de Cultura emitió un informe en el que se instaba a las instituciones a ponerse de acuerdo para llevar a cabo una intervención, que había de ser arqueológica en atención a que la Roqueta, pues es sin duda una de las zonas más interesantes de la ciudad de Valencia por estar situado junto a la antigua Vía Augusta, y lugar en el cual, seguramente, existió en la primitiva cristiandad y en época medieval un centro religioso relevante", al tiempo que sugerían “se buscara un uso para el recinto adecuado al espíritu y simbología del santo mártir".

El documento lo dirigían al Ayuntamiento de Valencia, como propietario de la mayor parte del inmueble; al arzobispado, como dueño de la parroquia de Cristo Rey colindante con el monasterio y a la administración autonómica por tratarse de un Bien de Interés Cultural.

También, a través del diario LEVANTE, el único medio de comunicación valenciano que se está interesando por simbólico monumento de nuestro patrimonio histórico-artístico, hemos podido saber que

“Los presupuestos municipales de 2010 incluyen una partida para "obras de emergencia" en el convento de la calle San Vicente Mártir. La llegada de dinero coincide con el derrumbe de parte del techo de un complejo que nunca fue una prioridad municipal … El Ayuntamiento de Valencia, propietario del edificio, ha previsto en las cuentas para 2010 una inversión presupuestaria de 2.833.625 euros para evitar que la Roqueta termine por derrumbarse.

Fuentes de la parroquia que forma junto con el convento abandonado el conjunto histórico de San Vicente de la Roqueta señalaron que hace dos años aproximadamente una parte del techo también se derrumbó. La situación era ya tan precaria que ni los técnicos municipales se aventuraron entonces a entrar al convento para comprobar los daños in situ.

La iniciativa llega in extremis, tras tres décadas de abandono del conjunto histórico y después de que en los últimos años se hayan propuesto multitud de proyectos para dar un destino al edificio sin que ninguno pasara de mera intención”.

Sobre el uso que se le ha querido dar al monasterio, después de no hacerse nada oficialmente por restaurarlo, estaban el de ser sede de la Acadèmia Valenciana de la Llengua, del Centro Internacional Sorolla, hemeroteca, Tribunal Internacional del Agua y hasta lo ha pretendido la Fundación del banco catalán La Caixa. Todo menos dedicarlo a lo que fue o algo similar.

La Roqueta, informe técnico

Últimamente, seguimos leyendo en LEVANTE, se ha agravado la situación porque ha entrado mucha agua de la lluvia caída en estos últimos meses por los agujeros del tejado. El agua ha perjudicado la zona donde ha caído causando mayores humedades. En el informe sus autores reconocen la existencia de numerosas goteras por toda la cubierta.

Con todo, cualquier actuación que se ejecute en el edificio no se acometerá hasta principios del verano o quizás después debido al largo proceso administrativo de la convocatoria del concurso.

"Nada más entrar la imagen es para echarse a temblar porque todo está apuntalado, las naves y forjados, y el patio interior es una verdadera selva de matojos de gran tamaño", comentaron personas que han entrado para realizar citado informe.

No obstante, la empresa Aumsa que es la que debe hacerse cargo de convocar el concurso de los trabajos todavía no ha recibido la orden del consistorio local para hacerlo y está a la espera de que desde el área de Urbanismo se les entregue el proyecto con todos los datos pormenorizados.

La deprimente situación en que se encuentra La Roqueta y el peligro de que se entre en ruindad total se debe a la total falta de cultura, respeto y estima del Ayuntamiento de Valencia por nuestra historia, nuestras tradiciones, nuestras fuentes y orígenes, y por nuestro patrimonio histórico-artístico, escribí yo mismo en un artículo en el diario LEVANTE el pasado 21 de enero.

Lo peor de todo es que en lo referente a Sant Vicent de la Roqueta, a los responsables políticos actuales, ni están, ni se les espera. No tienen moralmente otra alternativa que restaurar el conjunto y dedicarlo a lo que fue siempre, centro histórico-cultural-religioso-benéfico-asistencial. Y no tenerlo, como lo tiene, apuntalado esperando a que él mismo se caiga y muera de pie, añadía.

CONCLUSIONES

Para terminar, es la hora de las conclusiones. Las que yo hago y digo en voz altas son las siguientes:


1.-El estado de ruindad en que se encuentra el Monasterio de la Roqueta, basílica funeraria del santo protomártir de la cristiandad en Valencia, es síntoma de la tradicional desidia y pasotismo de los valencianos con respecto a todo aquello que atañe a sus señas de identidad, en este caso religiosas.

2.- Este hecho demuestra la falta de cultura y de interés de nuestras autoridades locales y autonómicas por nuestro patrimonio histórico-artístico, que ignoran, cuando no desprecian, el valor histórico, tradicional, cultural, sentimental, social y religioso que tiene La Roqueta, probablemente porque para nuestros gobernantes lo importante son los proyectos lúdico faraónicos y multimillonarios como la Copa del América, el Open de Tenis, la Fórmula 1, la Volvo Ocean Race, el Campeonato Mundial de Hípica, etc… y los lucrativos planes de expansión, especulación y desarrollo urbanístico.

3.- Los 37 años de inactividad municipal con respecto al Monasterio de La Roqueta no evidencia otra cosa que la pretensión de que el conjunto entre en total ruina, se muera de pie, se desplome y se sirva ello de tabula rasa –nunca mejor dicho- para sobre su solar, en tan céntrico lugar de la ciudad, se levanten edificios rentables para la especulación.

4.- El complejo histórico artístico de La Roqueta, además de su gran y fuerte simbolismo religioso, está allí el origen de la cristiandad de Valencia, de su cultura religiosa, es testimonio fehaciente de la supervivencia de la Lengua Latina, madre de la Lengua Valenciana, que hablaban los mozárabes que vivían en sus alrededores y practicaban el culto cristiano en dicha Iglesia durante la dominación y ocupación musulmana. Si el latín que trajeron los colonizadores romanos no desapareció, porque los mozárabes no fueron aniquilados por los árabes, como defienden los catalanistas, quiere decir que la nuestra es Lengua Valenciana, no lengua de dominación traída por los catalanes, sino es el mismo latín, evolucionado y corrompido, de los romanos que colonizaron estas tierras y fundaron entre otras la ciudad de Valencia, de la que es patrón el santo protomártir.

5.- Urge restaurar La Roqueta y acabar con los casi 200 años de agresiones políticas contra el conjunto histórico-artístico, 37 de ellos de omisión y pasividad ante su ruindad por parte del Ayuntamiento de Valencia, de la Conselleria de Cultura de la Generalidad Valenciana y del Ministerio de Cultura.

6º.- Que salvada arquitectónicamente La Roqueta sea destinada a lo que fue siempre, o funciones similares: un lugar religioso, cultural, asistencial, benéfico y, sobre todo, vicentino. No sólo relacionado con San Vicente Mártir, también compartido con San Vicente Ferrer, los dos Vicentes. La iglesia sepulcro y el monasterio del Patrón de Valencia se merece una digna respuesta del Ayuntamiento de Valencia, de la Generalidad Valenciana y del Gobierno Central.

7.- Conseguido lo anterior, convertido en centro de espiritualidad y lugar de peregrinación como históricamente fue, habría que restituir para La Roqueta el título de Basílica (sepulcral), que histórica y tradicionalmente tuvo.

8.- La Iglesia en Valencia, la Diócesis de Valencia, debería recuperar y aplicar en sus celebraciones litúrgicas el rito mozárabe, llamado también rito hispano romano, en fidelidad a sus orígenes, y en permanente memoria histórica de San Vicente Mártir y de los mozárabes valencianos que en los tiempos más difíciles para el cristianismo valenciano lo emplearon y vivieron, además de por su riqueza espiritual.

9.- Debemos felicitar a las personas, asociaciones, cofradías y parroquias que siguen manteniendo vivo el recuerdo de san Vicente Mártir por la labor ímproba, heroica y muchas veces en soledad que realizan por lo que es fuente, base y origen del cristianismo en Valencia, de nuestra cultura cristiana y occidental.



 

Por Baltasar Bueno
Periodista