OPINIO
 

Vent de Garbi

 
Los de los cochecitos y los babosos
 

Baltasar Bueno / Ni quito, ni pongo rey. Con el pecado, la penitencia. No hace falta comentario, ni decirles la atadura que tienen. El auto de Garzón es sobradamente elocuente. Léanlo. Puede que estemos ante un documento histórico, para el caso de que en este país sigue imperando el estado de derecho.

Han ido de sobrados, chulos, soberbios, mirado a todos por encima de los hombros, riéndose, cuando o burlándose. Se les ha ido la mano, estaban tan seguros de sí mismos, que se confiaron. Han ido dejando pistas por todos los lados, huellas reconocibles e identificables, señales de humo escandalosas.

Se creían que el malo iba a ganar siempre por goleada y ha salido el criado respondón que les ha aguado la fiestas, perdón las fiestas, los grandes festejos a los que se habían acostumbrado, en vez de dedicarse a resolver los problemas del paro y de la inseguridad callejera.

Han actuado sin escrúpulos, han recolectado a espuertas, han manejado dinero público sin consideración de ningún tipo. Se vestían en la Villa y Corte, no en Vallecas, ni en Lavapiés, sino en la Castellana y Serrano, las calles más lujosas de la capital.

Cuando Garzón hizo la desencajonada, amenazaron con querellas mil a quienes se atrevieran a abrir la boca sobre lo que el juez había investigado y documentado. Que si el pen driver con la contabilidad, que si la caja a y la caja b, que si las comisiones, que si el pago del congreso regional, que si medio milloncejo de euros para el partido,… en fin, lo de Ibáñez Serrador, historias para no dormir.

En cualquier país decente, los políticos pillados con las manos en la masa ya hubieran presentado la dimisión, además de cantar ante la justicia La Traviata. Aquí ya se sabe, no dimite ni el revisor, sino que se lo pregunten a los 43 muertos del accidente del Metro.

Es la filosofía de la vergüenza. Los políticos dicen que la vergüenza no sirve para nada, tampoco los escrúpulos, y hay que hacer caja con aire, con soltura, con gracia y eficiencia.

Hoy para ti, mañana para mi, luego te recoloco y tiro porque me toca, como en el parchís, y como te encantes, hago trampa y me saltó casilleros, por aquello de que el tempus fugit y lo que puedas hacer hoy no lo dejes para mañana.

Es cierto que hay que esperar, lo dice la Constitución, a que la Justicia nos diga si estos elementos pierden o no su título de honorabilidad, por lo tanto hay que hablar de medida comedida, lo que no harán los babosos apologistas del régimen, ahí van a notar, cual si termómetro fuera, lo cuánto subvencionados están.

Tomen asiento señores del jurado y comiencen a ver, a contemplar, a asombrarse del espectáculo, si es que aún les queda capacidad de asombro, porque entre ellos, si uno sí, tiene la desfachatez, y está probado, que tú más, y te callas. Por eso callan tanto unos y otros, tienen mucho que callar. Y ante siniestro silencio mutuo y recíproco es de desear que la Justicia no exima por defecto de forma, que no es la primera vez en este tipo de casos, como el Naseiro.