Baltasar
Bueno / El
pueblo llano se está amotinando. El pueblo tienen un
sentido común extraordinario. El domingo, en la romería
de les canyes de la Magdalena de Castellón, hubo gritos
nunca oídos en el popular acto.
“Trajes para todos” clamaron algunos. Lo proferían
al paso de Camps, vestido de blusón negro, pañoleta
verde y caña en la mano, camino de la ermita de la Llidonera.
Antes, Camps había asistido a Misa y comulgado, y se
había declarado inocente ante los medios de comunicación.
Para Camps, todo es mentira. Garzón debe haber tenido
un arranque de inspiración y ha redactado kilos y kilos
de folios, e inventado cientos de cintas de conversaciones telefónicas
dialogadas según un perverso guión por un excelente
cuadro de actores imitadores de las voces de los implicados,
y enviado a la cárcel a unos inocentes individuos por
su supuesta relación con el presidente.
Todo es mentira, mentira cochina, asegura Camps. Ni hay trajes,
ni trabillas importadas de Italia para ceñirse bien el
pantalón, ni llamadas desesperadas al sastre cuando estaba
en sede judicial, ni investigaciones policiales siguiendo el
asunto desde un año antes, ni asistencias a bodas y bautizos
de encartados en este asunto, nada, todo es mentira, mentira
tras mentira.
Para Camps todo es un mal sueño, una campaña que
afecta a su honor y dignidad, y con este ataque se ataca al
pueblo valenciano, a la Generalidad, en fin al sursum corda.
Y tan dolido está el pueblo que en Castellón le
han gritado “Trajes para todos”.
El pueblo lo que sabe es que hay bastantes políticos,
desde concejalillos de poca monta hasta ministros, que roban
descaradamente, roban a diestro y siniestro, y a su sombra,
cómplices necesarios jefes de gabinetes y jefes de protocolo,
todos aprovechan las breves legislaturas de cuatro años
al máximo, le sacan todo el rendimiento que pueden.
Son tan descarados y sacan tanto brillo a la cosa que no se
habla en la calle y en los medios de asuntos tan difíciles
y espinosos como el paro y la crisis. El pueblo está
dolido, sufre el calvario, la pasión de la miseria y
la pobreza, del no poder comer, y ellos van a lo suyo: hoteles
de superlujo, trajes de superlujo, coches de superlujo, fiestorras
de superlujo, morros de superlujo, y el pueblo, la gente llana
que se chinche.