Baltasar
Bueno / Lo de Camps negando la veracidad de lo contenido
en las cintas grabadas a su teléfono móvil pinchado
por la policía alas órdenes del Fiscal Anticorrupción
del Estado es de un patetismo total. Pero, es de una indignidad
total.
Queda infantiloide, negar la mayor, la evidencia. Es más,
queda de profesional de la delincuencia. Porque si ustedes se
van ahora a cualquier juicio penal en la Ciudad de las Artes
y las Ciencias o a cualquier cabecera de partido judicial verán
como los delincuentes más aguerridos, cuando al final
los juzgadores les dan tiempo para que digan lo que les venga
en ganas, siempre juran que son inocentes, que ellos nunca han
hecho nada.
Las transcripciones de las cintas que, afortunadamente, alguien
está filtrando a la opinión pública para
que todos nos enteremos, pues la Justicia debe ser pública,
cantan y cuentan cosas asombrosas, como la entrañable
relación que tenía Camps con miembros de la banda
encarcelada o imputada por Garzón en el caso Gürtel.
Una amistad y fluida relación que no sólo les
hacía ir de bodas y bautizos, sino que llevaba a Camps
a hacer tiernas declaraciones de amor, adobadas con un cariñoso
“hijoputa” dicho por nuestro presidente a uno de
los jefes imputados. Mucha confianza, amistad y compensación
de favores debe haber existido como llegar a extremos de tan
íntima comunicación verbal.
Los del PP se libraron bien del caso Naseiro en su día,
por un defecto de forma, que bien podría aparecer en
esta nueva ocasión, aunque ello no supondría que
no se hubiera delinquido, sino, simplemente, que por una simple
argucia jurídica, se libraban los encausados de la tocata
y fuga que les correspondía.
Gracias al defecto de forma se han librado también cargotes
del PSOE, aunque de este partido y de altísimos cargos
han pisado la cárcel unos cuantos socialistas, que eso
también metieron la mano en el cajón, con mayor
desespero sobre todo, puesto que entraron a gobernar y manosear
después de 40 años de dictadura de la derecha,
cuyos políticos también dejaron sentir sus manos
en el tesoro público.
Es cierto que aquí políticos de uno y otro bando
han robado, pero aquí no vale el “tú más”,
sino que lo que corresponde es tocarle la carita a quien haya
metido la mano donde no debía y se enriqueció
del erario público indebidamente.
La gente Stan acareada porque no tiene dinero ni para comer,
está en el paro o en la miseria total, y ellos entretenidos
en negar lo innegable, en decir mentira cochina a verdades como
puños, y a acusar de montaje a policías y jueces,
que se han limitado a investigar denuncias presentadas por ciudadanos
de a pie.
La reciente transcripción de la cinta publicada por el
periódico El País ha dado a conocer al respetable
que los regalitos y los regalotes no iban sólo para la
corte de honor de Camps, también para su mujer y su hija.
Eso es lo que se sabe hasta el momento. El día que el
secreto del sumario se levante, parece que asistiremos a un
culebrón de telenovela mexicana, del que Camps y Zupercozta
seguro dirán que es un montaje de la policía,
la fiscalía y el juez Garzón, en vez de dimitir
por vergüenza torera, para atenuar su pase a la historia
por lo que presumiblemente parece que ha hecho lo que se intuye,
a la luz de las pruebas que obran en manos de la autoridad judicial.
Una autoridad que esperemos esté a la altura del pueblo
que demanda Justicia y de la Constitución, no a niveles
que nos hagan a todos sonrojar, para el caso que haya buena
investigación y materia punible.