Tras las informaciones aparecidas en diferentes
medios de comunicación en los que se señala
a la Comunidad Valenciana como la región española
en la que más se ha crecido la delincuencia, la formación
valencianista ha asegurado que este problema se debe al
descontrol que existe en materia de inmigración ilegal,
y especialmente sobre las bandas organizadas del Este de
Europa o de Sudamérica.
Coalicio Valenciana denuncia que durante los últimos
meses el gobierno socialista de Zapatero ha tenido un gran
interés en señalar a los ilegales que llegaban
en cayuco a las costas españolas, una inmigración
que podríamos llamar solidaria, mientras que se descuidaban
otras fronteras donde realmente llega un mayor contingente
de personas irregulares.
El líder valencianista calificó de alarmantes
los informes más solventes de la policía en
los que se señala que de los 18.000 inmigrantes ilegales
llegados en cayucos a Canarias en estos meses representan
sólo el 4,5 por ciento de las 600.000 personas que
han entrado y permanecen de forma irregular en nuestro país
desde el pasado año 2001.
Sentandreu señaló que el descontrol del gobierno
central y las avalanchas de ilegales que han inundado las
costas Canarias, ha producido que se hayan volcado en los
últimos meses todos los efectivos policiales en Canarias,
mientras se descuidaba la verdadera frontera donde la inmigración
llega de forma masiva y sin ningún control, como
es el caso de los aeropuertos de Barajas, del Prat o en
la estación de tren de Barcelona en la que los inmigrantes
llegan en el llamado "tren patera" provenientes
todos ellos de Sudamérica, del Este de Europa y de
oriente.
Coalicio Valenciana añadió que España
tiene un grave problema derivado de una desafortunada política
en materia de inmigración que ha cosechado el rechazo
unánime de la Unión Europea y nuestros socios
comunitarios, centrada en el "papeles para todos"
y los procesos extraordinarios de regularización
de Zapatero.
Es necesario, como reclamó Coalicio Valenciana, apostar
por una política de inmigración positiva que
vaya unida a la capacidad real de absorción laboral
y profesional que pueda tener España, y por otro
lado, a una inmigración que no ponga en peligro nuestra
cultura y civilización, donde ciertos colectivos
de inmigrantes convierten nuestras ciudades en auténticos
guetos de marginalidad que rivalizan con la cultura y religión
de la tierra de acogida. Todo lo demás, indicó
Sentandreu, sería jugar al discurso de la demagogia
y abandonar nuestro país a las mafias organizadas
y la delincuencia profesional.