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El Consell Valencià de Cultura, integrado mayoritariamente por catalanistas

Capítulo 8

La manifestación de medio millón de personas en la calle defendiendo la Lengua Valenciana y en contra de la pretendida imposición de una autoridad lingüística que dependería del Institut d´Estudis Catalans hizo que Jordi Pujol, presidente de la Generalidad de Cataluña, presionara más a José María Aznar, presidente del Gobierno de la Nación, Apenas había transcurrido una semana desde su celebración, hubo un encuentro entre representantes del Bloc, Convergencia de Cataluña y el Partido Socialista Mallorquín, donde se sentó unas bases mínimas tendentes a la tarea política de unificar valenciano y catalán.

Zaplana engañó al PP, Xavier Casp y UV, les convenció para que el CVC hiciera el dictamen de la lengua

De aquí surgieron posteriores contactos y reuniones con destacados figurantes del catalanismo en Valencia y el propio Eduardo Zaplana, que se desarrollan a lo largo del mes de octubre.

Durante el verano, Zaplana llamó al palau de la Generalitat a Antonio Ferrando, director del Institut Interuniversitari de Filología, y al decano de la Real Academia de Cultura Valenciana, Xavier Casp. Les informó de que iba a proponer a las Cortes Valencianas que el Consell Valenciá de Cultura elaborar un dictamen sobre la lengua.

Aceptaron ambos. En las Cortes, el PP votó a favor de la propuesta, como lo hizo Unión Valenciana. Casp y UV cayeron en la trampa que les había tendido Zaplana. Con gran cortedad de miras no se fijaron en que el organismo al que debería haber sido encargado el informe era, por muchísimos motivos, la Real Academia de Cultura Valenciana, no un ente integrado por mayoría de catalanistas.

Zaplana no acaba de creerse cómo logró doblar al PP y a UV, que en la multitudinaria manifestación habían clamado y gritado a favor de las normas de la Real Academia de Cultura Valenciana, para que dejaran en manos del Consell Valencià de Cultura un informe que sería el principio del fin de la Lengua Valenciana.

En noviembre, altos cargos de la Generalidad catalana, de gran confianza para Jordi Pujol, se reunieron en Valencia con la cúpula directiva del PSOE, con el portavoz del Consell, José Joaquín Ripoll, y prohombres del catalanismo, entre ellos Mira y Lapiedra.
A finales de 1997, Juan García Sentandreu, Juan Ignacio Culla, José Manuel Ricart Lumbreras y Pascual Martín Villalba le echaron arrestos y se plantaron en el palacio de la Generalidad de Cataluña para protestar por las maniobras político-lingüísticas que estaban realizando. Pidieron hablar con Pujol, pero sólo es recibió el secretario general de la Generalidad, Joaquín Triadú.

Lo más fino que les dijo Triadú fue que los valencianos éramos “un pueblo de acomplejados” y que ése era “nuestro problema”. Ellos tenían claro lo que quería, la unidad de la lengua y no iban a cesar en su empeño.

La reunión fue tensa y los visitantes se pusieron al mismo nivel dialéctico y verbal que quien les había recibido, hasta que fueron expulsados del despacho de Triadú.
Estos encuentros se prolongarían en el tiempo, avanzando poco a poco hacia los fines que perseguía Pujol, con quien se entrevistó Eduardo Zaplana en mayo de 1998, con el que llegó a un principio de acuerdo.

El diario Levante (18 julio 1998) informaba con detalle de todas estas operaciones que recapituló de esta manera:

“Los hilos del acuerdo lingüístico están movidos por intereses políticos de largo alcance. Tres son las bazas perseguidas por el presidente de la Generalidad, Eduardo Zaplana: dos personales y uno estrictamente electoral. Zaplana que ha dicho por activa y pasiva que sólo quiere ejercer el cargo de primer mandatario autonómico durante dos legislaturas, pretende colocarse la medalla de ser el presidente que ha resuelto la batalla de la lengua y, de paso, ganarse la confianza de Jordi Pujol para que éste cante a Aznar las bondades del dirigente valenciano, en su deseo de no concluir su carrera política en Valencia”.

El Partido Popular, en realidad, lo que estaba haciendo era lo mismo que hizo el PSOE durante sus 12 años de gobierno: sumisión total a la política lingüística que imponía Jordi Pujol por parte de Joan Lerma, que encargaba el trabajo sucio a su conseller de Cultura, Ciprià Císcar.

Joan Lerma, además, destacó por las innumerables y generosas subvenciones que otorgó durante su mandato a las entidades culturales catalanistas.

Con el PSOE, el pueblo valenciano vivió sus más grandes manifestaciones en defensa de la Real Senyera y la Lengua Valenciana, especialmente cuando estuvo al frente del Consell preautonómico, José Luís Albiñana, cuando se quiso meter a la fuerza y con calzador la bandera cuatribarrada catalana en los balcones oficiales y las denominaciones de lengua catalana y país valenciano.

 

 

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