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El dictamen del CVC dice que el valenciano pertenece al sistema lingüístico catalán

Capítulo 9

Después de la gran manifestación valencianista en defensa de la Lengua Valenciana vino el verano y en septiembre llegó la respuesta oficial. Se barruntaba el dictamen sobre la lengua que Zaplana encargó al Consell Valencià de Cultura, la segunda de las traiciones de esta historia La Real Academia de Cultura Valenciana fue la gran reivindicada y defendida en dicha manifestación, sin embargo el PP, que se había sumado con UV a la manifestación, dejó en manos del CVC el dictamen. Ninguno de los dos partidos hicieron nada para que la centenaria entidad tuviera voz y voto en el asunto.

La resolución sólo contó con dos votos en contra, los de José Boronat y Leopoldo Penyarroja

El Grup d´Acció Valencianista en septiembre de 1997 alzó su voz para denunciar el atropello de que fuera el CVC, integrado mayoritariamente por catalanistas, y no la RACV, integrada unánimemente por valencianistas, quien dictaminara sobre la lengua.

El PP y UV, en sesión celebrada en las Cortes Valencianas el 17 de septiembre de 1997 propusieron que fuera el CVC quien hiciera el dictamen sobre la lengua, moción que fue aprobada con el apoyo y concurrencia del PSOE.

Fue precisamente Héctor Villalba, de Unión Valenciana, en su calidad de presidente de las Cortes, cargo al que accedió después de la muerte de Vicente González Lizondo, quien firmó la resolución por la que se mandaba al Consell Valencià de Cultura, de mayoría catalanista, dicha tarea.

Uno de los miembros de dicho Consell era Joaquín Calomarde, diputado del PP, recientemente pasado al grupo mixto tras ser condenado por acoso a una mujer en Valencia, quien contaba con antecedentes de izquierda y catalanismo. Se erigió en el espadachín de Zaplana para realizar la operación de rendición y entrega de la lengua. Iban a sentenciar sobre la lengua Ramón Lapiedra, Santiago Grisolía (presidente), Vicent Álvarez, Sanchis Guarner júnior, el pluricobrador Ricardo Bellveser, Manuel Muñoz hoy colocado de director general de Patrimonio, Ramón de Soto (el de la Facultad de Altea), etc...

El CVC emitió su famoso dictamen donde se establecía oficialmente la catalanidad de la lengua. No se había tenido en cuenta la voluntad del pueblo valenciano, revalidada en la manifestación del medio millón de personas, ni la historia, ni la tradición, ni el sentimiento general.

Grisolía había pedido la opinión de 29 entidades, de las que no más de media docena eran valencianistas.

El dictamen dice que la denominación estatutaria de la lengua 'valencià' no tenía carácter 'excluyente' y abría la puerta a otras denominaciones, como la catalana. El dictamen tachó la expresión 'idioma valenciano' y la sustituyó por 'valencià' o 'llengua dels valencians'.

Lo más grave del informe cocinado por el CVC fue que el texto dijera que el valenciano "forma parte del mismo sistema lingüístico que los correspondientes a los Estatutos de Autonomía de los territorios hispánicos de la antigua Corona de Aragón reconocen como lengua propia". En filología, decir que se pertenece al mismo sistema lingüístico es decir que se pertenece al mismo idioma, a una misma lengua.

Sentada esta falacia, los miembros del CVC propusieron la creación de un ente de referencia normativa del valencià que tuviera personalidad propia, que tuviera capacidad normativa y que estuviera integrado por 21 miembros, los cuales serían elegidos por dos tercios de las Cortes Valencianas.

Eran el preparto de la Academia Valenciana de la Lengua sin nombre, porque sigue sin saberse en su denominación oficial si es de la lengua castellana, inglesa, alemana, vasca o qué. No se le puso ninguna, porque para los cobrantes del CVC estaba claro, era lengua catalana, pero no se atrevían a ponerlo por si acaso.

Era una nueva traición, un paso más en el arrollador avance del catalanismo de las manos del PP y UV y sus representantes en el Consell Valencià de Cultura.

El acuerdo tuvo sólo dos votos en contra, pocos, pero muy valiosos. Suponían los votos de la dignidad.

Leopoldo Penyarroja alegó que aquello más que un dictamen era una negociación política. Rechazaba la creación de un nuevo ente, porque suplantaba a la Real Academia de Cultura Valenciana y no reconocía la identidad de la Lengua Valenciana.

José Boronat señaló que el conflicto sobre la lengua no lo había creado el pueblo, su usuario y propietario, sino que había surgido cuando se intentaba desde fuera de él suplantar a la Lengua Valenciana por la catalana. Se negó a votar el dictamen porque no estaba basado en la verdad y la justicia y no podía conducir a la paz.

 

 

 

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