El ex conseller de Cultura, Fernando Villalonga, confirmó las negociaciones y el Pacto de Reus
En noviembre, Joaquín Triadú, secretario general de Presidencia de la Generalidad de Cataluña, junto con Xavier Trias, comenzaron a mantener reunions con José Joaquín Ripoll, entonces peón de brega de Zaplana y conseller portavoz del Consell valenciano.
Joaquín Calomarde fue designado por el PP mozo de estoques de
toda la operación.
Zaplana en estos preliminares prometió a Jordi Pujol que por parte
de las Cortes Valencianas sería reconocida la unidad de la lengua
y crearía la AVL a la manera del Institut d´Estudis Catalans, “que
no se definiría en contra de Cataluña, ni del Institut
d´Estudis Catalans”.
El dato consta en una entrevista concedida a Levante (30 noviembre 2004),
Jordi Pujol, sobre las reuniones que mantuvo en 1996 en Reus con Zaplana,
comentó:
“Zaplana dijo que se reconocería la unidad de la lengua
creando la AVL y cumplió. Habló con una pila de gente.
Se necesitó mucho tiempo, pero la Academia se ha hecho y ha recompuesto
la unidad de la lengua. Zaplana cumplió, aunque con retraso -no
puedo criticarlo, porque evidentemente tenía problemas- cuando
dijo que la unidad de la lengua se reconocería y se crearía
una institución que le iba a dar garantías y que no se
definiría en contra de Cataluña, ni del Institut d´Estudis
Catalans. Eso se ha hecho. Ahora se debería profundizar y fortalecer,
eso sí”.
Pujol era partidario de que todos se sometieran a las normas de la AVL, porque no era cosa de “cuatro excéntricos; está avalada por el Consell y la Universitat. Y la AVL dice eso y se acabó”.
Estas abiertas, claras, francas y descaradas, sin tapujos, declaraciones de Pujol fueron desmentidas por el actual presidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps (9 diciembre 2004) y aseguró que “la AVL no nació por un pacto entre Pujol y Zaplana”.
Tuvo la mala suerte Camps de que su antecesor en la Conselleria de Cultura, Fernando Villalonga, saliera al paso de las declaraciones y confirmó en todos sus extremos lo desvelado por Pujol.
Lo dijo Villalonga a Las Provincias (9 diciembre 2004), cuando dicho periódico ya no tenía de directora a María Consuelo Reyna, a la que tiraron sus primos y un hermano, principalmente, por sus firmes posturas valencianistas.
Villalonga, textualmente dijo a dicho rotativo entre otras cosas:
“Hubo un documento que yo redacté y que sirvió para
una reunión entre ambos (Zaplana y Pujol) en Reus. Era una declaración
de la posición del Gobierno valenciano respecto a la política
lingüística”. (El valenciano) Fuera de nuestras fronteras
se llama catalán, así que la doble denominación
me parece correcta.”
Al preguntársele si le gustaba la denominación valenciano-catalán, Villalonga respondió: “Me gusta esa doble denominación, e insisto en que no soy de izquierdas, ni republicano, ni catalán. Pero no se puede defender, como he hecho, la unidad del castellano, y no hacerlo con el catalán”.
En este circo de dimes y diretes, Eduardo Zaplana, ya de Ministro en Madrid, mintió, en la línea de Camps, y negó a Europa Press que existiera ningún acuerdo con Pujol, quien decía todo lo contrario, que “había habido gestiones discretas y en muchas ocasiones no públicas”.
Zaplana afirmó: “Nunca, nunca, pude negociar lo que no se peude negociar, ni aquello que no está en el ámbito de negociación de un político, es decir la unidad de la lengua”.
Este cruce de verdades y mentiras ocurrían siete años después del inicio de las conspiraciones contra la Lengua Valenciana, cuyo parto se alumbró durante el verano de 1997, tras la fuerte reacción del pueblo valenciano en contra de las intentonas catalanistas.
Sagaces los catalanes y sus colaboradores y cómplices necesarios
aquí, vieron que era mejor esquinar a los levantiscos valencianos,
aprovechando el letargo veraniego.
El medio millón de personas que asistieron a la manifestación
organizada e impulsada por el Grup d´Acció Valencianista
y la Coordinadora de Entidades Culturales del Reino de Valencia debieron
pensar que tenían de nuevo la batalla ganada y no volvieron a
insistir.
La maquinaria pancatalanista siguió haciendo de topo y socavando los cimientos de la histórica Lengua Valenciana y de los políticos del Partido Popular que ‘gobernaban’ el Reino de Valencia, los cuales entregaron la principal seña de identidad de los valencianos con premeditación, alevosía y nocturnidad a Jordi Pujol.