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Joaquín Calomarde y González Pons hicieron el trabajo el PP en el dictamen de la Academia

Capítulo 15

 

Eduardo Zaplana dio los primeros pasos para la creación de la Academia Valenciana de la Lengua tanteando a dos pilares: uno catalanista, Antoni Ferrando, director del Institut Interuniversitari de Filología, y otro valencianista, Xavier Casp. Las conversaciones se desarrollaron antes y después de la manifestación valencianista del 13 J de 1997. El objetivo era cómo montar una Academia de la Lengua que gustara, su gran preocupación, a Jordi Pujol y, al mismo tiempo, a valencianistas y catalanistas.

PP y UV aceptaron la propuesta de los catalanistas de que la lengua no llevara denominación

El problema de Zaplana era, sobre todo, convencer a los valencianistas, del embolado que el se iba a meter, en este caso a Xavier Casp. Arguyó que la Academia nacería de un dictamen que haría el Consell Valencià de Cultura donde se hablara de la naturaleza de la lengua, su fonética y ortografía.

Hábil negociador y seductor, Zaplana se llevó al huerto a Xavier Casp y logró que Unión Valenciana votara a favor de la creación de la Academia Valenciana de la Lengua en las Cortes Valencianas el 17 de septiembre de 1997, cuatro meses después de que por las calles de Valencia medio millón de personas dijeran no a la pretendida Academia que iba a catalanizar la lengua. Al PP, su partido, simplemente se lo ordenó.

No se percató Xavier Casp, entonces decano presidente de la Real Academia de Cultura Valenciana, que al aceptar la propuesta Zaplana, reconocía en el futuro como autoridad lingüística a la Academia Valenciana, en detrimento de la autoridad moral e histórica de la Real Academia que presidía.

El truco de Zaplana hizo caer también en la trampa a Unión Valenciana, que prestó su voto y asentimiento a que se perpetrara tamaño atentado contra la Lengua Valenciana. No se opuso, ni se abstuvo, al menos testimonialmente, para que quedara para que quedara para la historia su oposición al estrago. Como siempre, UV ha ido muy unido del brazo del PP, sin personalidad propia.

Los votos de PP y UV entraban en contradicción con su presencia en la manifestación del 13 J que clamó a favor de las normas de la Real Academia de Cultura Valencia y en contra de la creación de una autoridad lingüística catalanizadota, dependiente del Institut d´Estudis Catalans, que es lo que al final está resultando.

Por una parte, PP y UV hacían creer al pueblo valenciano que estaban por el valencianismo y, por otra, hacían todo lo contrario en las negociaciones y votaciones en Cortes. Estaban traicionando el sentimiento y la realidad de un pueblo.

En concreto, las Cortes aprobaron que "el Consell Valenciaà de Cultura dictamine, asentado tanto en fundamentos científicos como históricos respecto de las cuestiones lingüísticas".

Conocido el hecho, el presidente del Grup d´Acció Valencianista, Juan García Sentandreu, y el abogado José Manuel Ricart Lumbreras solicitaron reunirse con Santiago Grisolía, presidente del CVC, quien les recibió, pero acompañado de los consejeros catalanistas Bas y Morera.

A Grisolía le cantaron las verdades del barquero, advirtiéndole que la lengua no era objeto de pacto y no se podía violentar la naturaleza de las cosas y que el valenciano es patrimonio exclusivo del pueblo valenciano.

Fueron llamadas a consulta distintas asociaciones, entidades e instituciones, abundaron las catalanistas, las que no reconocen la Lengua Valenciana. Recogieron la opinión de los consultados.
Joaquín Calomarde y Esteban González Pons se reunieron con Ramón Lapiedra y Manuel Sanchis Guarner para pastelear el borrador del dictamen. González Pons fue designado por Camps y Zaplana para hacer el trabajo sucio del PP en este cambalache y fue el autor espiritual y material del lenguaje con que se disfrazó idioma catalán y países catalanes en el informe, dada sus querencias en esta materia.

Los catalanistas sugirieron y los del PP apoyaron que la Academia no se llamara de la Lengua Valenciana. Por ello no tiene nombre concreto, nos e sabe si es de la lengua alemana, inglesa o mapuche el engendro que pretendían crear.

El dictamen abría la puerta grande al catalán, pues aceptaba que oficialmente se le llamara valenciano a la lengua, pero que esta denominación no era "excluyente de otras, avaladas por la tradición histórica valenciana".

La vendida del PP no pudo ser mayor, aceptaba como tradición histórica la denominación de lengua catalana. En su dictamen avanzó más el catalanismo al decir que "el valenciano forma parte del mismo sistema lingüístico que los correspondientes Estatutos de Autonomía de los territorios hispánicos de la antigua Corona de Aragón reconocen como lengua propia"

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