Lengua valenciana
De todos estos pueblos, los romanos y los árabes fueron los que más influyeron en nuestra lengua y cultura. Esta realidad histórica de tantos siglos de un pueblo sobre lo más amado que tiene, su propio y ancestral idioma, con sus singularidades fonéticas y lexicográficas, es la que los catalanistas intentan que desaparezca, arrasando con las peculiaridades específicas idiomáticas de cada pueblo, valle, comarca, montaña o mar de nuestra geografía valenciana. La Universidad se obsesiona sobre la teoría de la “unitat de la llengua”, cuando sabe de sobra que esa pretendida unidad de las lenguas que se hablan en los antiguos territorios de la Corona de Aragón nunca existió.
La única unidad de la lengua que ha habido ha
sido el latín,
la lengua latina, la lengua madre, la cual ha ido descomponiéndose,
corrompiéndose, evolucionando, cociéndose de forma distinta
en cada región mediterránea romanizada, dando como resultado
una lengua distinta en cada uno de los territorios de la antigua Corona
de Aragón, parecidas o similares entre sí, pero distintas
en muchas cosas y aspectos, como la fonética.
De la lengua latina
fueron desgajándose, separándose las
lenguas románicas (valenciana, mallorquina y catalana), por ley
filológica, por ley de vida, por circunstancias históricas.
La acusación vertida contra los valencianos que defienden la valencianidad
de su lengua frente a la teoría catalanista, en el sentido de
que son secesionistas de la “ lengua” es pueril y acientífica,
porque no ha existido nunca ninguna “unidad de la lengua”.
A la Universidad y sus seguidores cabe recordarles, cuando apelan a la
razón y verdad científicas, la reflexión del profesor
y catedrátido de Filología Románica de la Universidad
Complutense de Madrid, el gallego Manuel Mourelle de Lema, quien dice:
“Valencia y sus gentes a través de la Historia constituyen la
base científica sobre la que se cimentará la configuración
del edificio lingüístico valenciano.
La génesis y diacronía de lo que será el hombre
valenciano que, pasados los siglos, recibirá el influjo de las
culturas latina, visigoda y árabe, se detecta ya en el Paleolítico,
donde se dan ya unos caracteres raciales propios, una llamada raciología
valenciana”.
Ni en número, ni en calidad, los supuestos repobladores catalanes
pudieron hacer tan vasta obra de colonización idiomática
y cultural en un pueblo que, al poco de ser supuestamente alfabetizado,
ya había conseguido tener su Siglo de Oro Literario, cosa que
siguen sin lograr los catalanes.
El romance, lengua pre-jaimista o pre-islámica, que conservaban
y utilizaban los mozárabes durante toda la dominación-ocupación árabe,
no es otra cosa que la Lengua Valenciana en ciernes, balbuceante.
Era el latín pasado por el tamiz y las aportaciones arabizantes,
que va perfilándose como Lengua Valenciana, tras recibir los aportes
y préstamos lingüísticos del habla de los soldados
y repobladores no sólo catalanes, también de los aragoneses,
castellanos, navarros, murcianos, etc… que también vinieron
aquí, al olor del botín de la conquista.
La resistencia del pueblo valenciano
Explica muy acertadamente el profesor y catedrático valenciano,
J. Angeles Castelló, docente muchos años en la Universidad
del Estado de Florida (EEUU), que “la resistencia que el pueblo
valenciano opone al proceso de catalanización a que está sometido
es prueba incontrovertible de su condición de lengua. Si no lo
fuera no opondría resistencia. Esto debiera hacer pensar un poco
a los `científicos´ que de ello se ocupan”.
Este mismo experto denuncia que la lengua valenciana “es la única
lengua en Europa que desde la etapa hitleriana y su secuela yugoeslava,
está sometida a un proceso de absorción que tiene, además,
muy definidas tonalidades de orden externo, en el sentido saussuriano
del término. Me refiero, claro está, a la identificación
lengua-cultura y sus implicaciones políticas”.
Existe una plena conciencia idiomática en los valencianos, quienes
saben que su lengua, desde siempre, de generación en generación,
se ha llamado valenciana.
Son plenamente conscientes de la valencianidad de su lengua, seña
de identidad propia, que le hace diferente a otro pueblo.
Subconsciente colectivo de un pueblo
El profesor Julián San Valero afirmaba que “la lengua valenciana
está en el subconsciente colectivo de un pueblo”, herencia
recibida de sus antepasados más queridos y legada sus sucesores,
a las nuevas generaciones, rico tesoro comunicador, de titularidad del
pueblo valenciano, nunca discutida su naturaleza, hasta ahora en que
ha sido agredida por la prepotente manipulación catalanista.
El valenciano sabe que su lengua propia es como su espíritu, su
vida, su personalidad. La lengua es uno de los elementos más importantes
que definen a un pueblo. Y eso lo tiene el pueblo valenciano grabado
de modo natural en su alma y conciencia.
Conciencia idiomática
Esta conciencia idiomática, por realidad histórica y tradición,
ya de por sí justificativa de la valencianidad de la lengua autóctona,
ya aparece en los valencianos del Siglo XV, el siglo de Oro de la Literatura
Valenciana.
El catedrático J. Angeles Castelló, al referirse a ello
escribe:
“La crean (se refiere a la literatura valenciana del XV) unos hombres
arraigados en su tierra y con plena conciencia de su valencianidad; y la crean
con su propio idioma, con el que hablan en sus relaciones mercantiles y amorosas,
en el diario bregar con amigos y opositores, o en la vida entrañable
de la familia y en la oficial con sus autoridades. Es una literatura que sale
del vivir y del sentir inalienable de los valencianos y es, por tanto, se especule
cuanto se quiera, incontrovertible y clamorosamente valenciana”.
Seña de identidad del pueblo
La Lengua Valenciana es una de las más importantes señas
de identidad del pueblo valenciano, al igual que su cultura. Subsumir
su lengua y cultura, dentro de otra lengua y cultura es perder su personalidad
y singularidad.
Angeles Castelló, en uno de sus estudios sobre la Llengua Valenciana,
tiene unas reflexiones clarividentes sobre las maniobras lingüísticas
al servicio de las ideologías políticas agresoras, que
es conveniente y necesario reflejar aquí:
“La equiparación de lengua y cultura es un mito tan infundado
como el racismo.
Hitler utilizó los modos para el mismo fin: la absorción
de los países limítrofes. `Si hablan alemán son
alemanes´, dictaminó. Y procedió a invadir un país
que hablaba checo. La identificación de lengua y cultura no debe
engañar a nadie.
No es otra cosa que un dogma complementario del dialectalismo. Porque éste
por si mismo no basta: el valenciano ha de ser dialecto del catalán
y, a su vez, es imprescindible que la lengua equivalga a la cultura.
Aceptadas ambas premisas se tendrá una `nación´ a
la que no faltará sino dotarla de un Estado. Y se habrá completado
el proceso de absorción del `país valencià´ por
la gran `nació catalana´, que es a lo que se va.
Pretender que todo este cúmulo de distorsiones factuales e inepcias
conceptuales no son sino ciencia, es el único camino abierto a
esa ideología. No verlo es estar ciego y, además, cerrar
los ojos. Porque las cosas claras: el problema de la lengua valenciana
no es científico, como se quiere hacer creer. Es político.”
El escritor Miquel Adlert decía:
“El idioma no es una cuestión científica en el sentido
de ser producto de una ciencia, sino al revés: una ciencia -la filología-
es producto de la lengua; no es una ciencia meramente especulativa.
El idioma es anterior, tanto cronológicamente como en cuanto a
preferencia respecto de la Filología. Por eso, sin la existencia
de un idioma no puede haber Filología sobre él, pero puede
haber, y hay idiomas sin Filología que los estudie.
La Filología no tiene más misión que estudiar lo
que el pueblo hace con su lengua. La Filología no debe ordenar
nada al pueblo, ni intentar modificar un fenómeno social, ni mucho
menos, sustituir al pueblo en la formación del idioma.
La misión de la Filología es parecida a la de la Geografía
en sus respectivos campos de la lengua y de la tierra, pero los geólogos
no pretenden intervenir, modificar la formación y evolución
de la tierra, ni mucho menos formar ellos la tierra o sustituirla por
otro planeta.
El idioma valenciano ha existido siglos sin filólogos, y sin filólogos
ha producido una literatura espléndida, de categoria universal”.
La prepotencia de los filólogos
Adlert denunciaba la prepotencia de los filólogos catalanistas
que están arrasando con las peculiaridades de la Llengua Valenciana
para suplantarla por la lengua catalana, así:
“Ahora los filólogos valencianos pancatalanistas se han apoderado
de la lengua como cosa suya y en un acto de dominación hacen una lengua
y quieren imponer al pueblo la artificialidad de su factura científica”.
Y añade:
“... es demencial la pretensión pancatalanista de sustituir la
Lengua Valenciana, alegando que la trajeron los catalanes.
Y más demencial, porque es ilógico que la lengua sustituta
sea, no la lengua que dicen que trajeron en el siglo XIII, sino la actual
catalana `normativa´ semi inventada por Fabra y el Institut d´Estudis
Catalans... es indiferente que los catalanes trajeran o no a Valencia
su lengua, porque ahora catalán y valenciano son diferentes por
haber tenido diferente evolución y iferentes influencias”.
Uno de los grandes patricios de la lengua catalana, Manuel de Montoliu,
desaparecido en los años sesenta, escribió lo siguiente:
“La individualidad de la lengua valenciana dentro de la familia de las
lenguas de Oc, nadie que tenga una mediana cultura la pone hoy en duda... Hoy
los escritores catalanes ya no oponen razones científicas a la fuerte
personalidad de la lengua valenciana, ni se oye con tanta frecuencia como antes
alegar clasificación según la cual se da el nombre de catalán
a todas las lenguas occitanas de España”.
Salvador de Madariaga en su obra sobre la historia de España escribe: “Valencia
no quiere ser otra cosa que Valencia. Su lengua difiere lo bastante para
poder permitirse gramática y vocabularios, si sus literatos quisieran
construírselos, como lo han hecho los catalanes a la suya”.