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La Batalla de la Lengua en la Universidad

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Capítulo 1

Los catalanistas introdujeron la Batalla de la Lengua en la Universidad de Valencia a finales de los años 60 del pasado siglo. Apoyados en catedráticos catalanes que daban clase en sus Facultades comenzaron a introducir la teoría de la catalanidad de la lengua en las aulas. Pronto contaron con la entregada y convencida colaboración del profesor de francés de la misma, Manuel Sanchis Guarner. Desde el exterior, formaba ariete con él, Joan Fuster, principalmente a través de sus ensayos.

Los catalanistas introdujeron el conflicto lingüístico en las universidades, a finales de los años 60

Crearon un apéndice dentro de la Universidad, el ICE, dedicado a organizar cursos y otorgar títulos habilitantes para la enseñanza, donde comenzó a premiarse a quienes comulgaban determinadas ideas, conformándose un tejido docente básico, que fue la primera avanzadilla de la catalanización, tanto lingüística como ideológica.

Aquel organismo estuvo controlado férreamente por una fuerte célula catalanista. Los primeros profesores de ‘valenciano’ salieron de estas hornadas con bastante facilidad. El mérito mayor era compartir los principios fundamentales de sus animadores e inspiradores.

Los años 70, cuando finalizaba el franquismo, ya muy débil, y se advertía la llegada de un nuevo régimen, que fue el más fecundo de la siembra. De esta época salieron los apologetas más beligerantes, no eran muchos en cantidad, pero sí adoctrinados, convencidos, aguerridos y beligerantes.

Dimanante de estas teorías novedosas en el ámbito universitario, surgió la idea de que el catalanismo y los catalanistas eran gente progre, de izquierda, y que los valencianistas eran blaveros o fachas.

Lanzada entre gente sin criterio, que no sabe aplicar los elementos necesarios de análisis de cualquier teoría, se optó por parte del mundo universitario apuntarse a la moda de la lengua catalana y la catalanización.

Cuando en la transición del franquismo al régimen democrático, gobernando UCD, fueron bastantes quienes se pusieron también en el batallón de la moda catalanizante, porque no quería, sobre todo sus altos dirigentes, que se les tachara de fascistas blaveros, especialmente los que pertenecían a la corriente liberal.

Sólo la fuerza del pueblo llano, que no era de derecha ni de izquierda, sino simplemente valenciano, hizo que la tambaleante UCD se sumara a la lucha de la defensa de los signos de identidad valencianos, Lengua Valencia y Real Senyera Valenciana, logrando, tras forzar mucho y presionar a UCD, que estos dos importantes elementos en la historia y tradición del pueblo valenciano quedaran incluidos y reconocidos en el Estatuto de Autonomía de la Comunidad Valenciana.

Cuando llegó el PSOE al poder, tanto en el Gobierno central como en el autonómico, los catalanistas arreciaron en su política de mentalización y expansión, apoyados por quienes llegaban al poder, con hambre al poder después de 40 años de dictadura, que, en palabras del líder comunista Santiago Carrillo en referencia a los socialistas, fueron 40 años de vacaciones.

El fervor catalanista de los socialistas fue desgastándoles poco a poco políticamente y avivó el adormilado y acomodaticio espíritu de los valencianos, que no suelen exaltarse mucho hasta que no se les toca la fibra de lo más sagrado.

A la larga, al PSOE le costó sus veleidades catalanistas el Gobierno de la ciudad de Valencia y el autonómico. Consiguió lo indecible el PSOE, que salieran por miles los valencianos a la calle, protestando por la imposición gratuita y forzosa de la bandera catalana en territorios valencianos y por la promoción y potenciación de la lengua catalana.

Los socialistas pagaron caro su apuesta por la catalanidad, de la que siguen sin recuperarse, pero los catalanistas consiguieron, con la inestimable ayuda socialista, infiltrarse en toda la estructura de la Conselleria de Cultura y de la Universidad de Valencia, desde donde han trabajado sin prisas, pero sin pausas, de forma metódica y organizada en la consecución de sus fines, con el importante apoyo de la Generalitat de Cataluña.

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